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THOMAS FRIEDRICH

El relato de Thomas Friedrich sobre su primera carrera Eigertour

#ATHLETESTORY

La Eigertour 2020 ha llegado a su fin. Acabé en tercer puesto junto con Hanes Kämpf, pero creo que lo más importante es que pasé cuatro días increíbles rodeado de paisajes alucinantes en torno a Grindelwald, que aprendí un montón y que conocí a muchas personas y me encontré con muchos amigos. El primer día empezó con muy buen pie: llegué al primer punto de despegue bastante temprano, pude aprovechar las térmicas para subir y volé con Chrigel hasta el primer refugio, el Faulhorn. Volvimos a emprender el vuelo y pusimos rumbo hacia el refugio de Schilthorn, donde pude aterrizar y volver a despegar poco después de Chrigel, Hanes y Sepp, que se habían unido y lideraban la carrera. En Niesen, el siguiente punto de encuentro, las térmicas no eran muy buenas porque había mucha sombra, así que tuve que aterrizar y volver a subir andando. Seguí un poco y alcancé a Stanislav Mayr y a Stevie durante la subida, que aterrizaron algo más arriba. Las térmicas mejoraron a última hora de la tarde y pudimos recorrer bastante distancia en dirección al refugio de Wildstrubel. Tuvimos suerte de haber escogido una ruta mejor que la que Chrigel, Sepp y Hanes habían elegido antes. Llegué al refugio de Wildestrubel en tercera posición y pasé allí la noche con unos nueve pilotos más que fueron llegando al refugio hasta las 20:30.

Thomas flying

El pronóstico para el día siguiente pintaba bastante bien. Empezamos a las seis de la mañana, subimos a pie unos cuantos metros más y volamos juntos hacia el siguiente punto de encuentro. Recorrimos una buena distancia combinando hiking y vuelo, ascendiendo unos cuantos metros a pie, descendiendo con el parapente, andando y avanzando así. Chrigel, Sepp y yo nos pudimos distanciar un poco de los demás y llegamos al siguiente refugio juntos. Despegamos y aprovechamos las térmicas juntos para subir. Fue entonces cuando decidí mantenerme a la derecha, un error que me llevó en dirección al refugio equivocado. Me di cuenta rápido de mi fallo, pero Chrigel y Sepp ya habían desaparecido. Llegué al siguiente refugio con otros pilotos que, mientras tanto, me habían adelantado. Las condiciones fueron mejorando cada vez más y conseguimos llegar a otros cuatro refugios, aterrizando y despegando de nuevo en aquellas montañas tan altas y bonitas. A última hora de la tarde, las térmicas empezaron a flojear y tuve que aterrizar y recorrer los últimos metros hasta la estación Eigergletscher por tierra. Volví a despegar y subí hasta el refugio de Gleckstein, donde pasé la noche siguiente. Aquel día volví a llegar al refugio en tercer lugar, pero de nuevo varias personas consiguieron llegar también ese mismo día antes de las 20:30.

El pronóstico para el tercer día tenía buena pinta al principio, pero daban tormentas y lluvia para las dos de la tarde. Subimos un poco a pie por la mañana y despegamos a 400 metros de altitud sobre el refugio en una cresta de piedra. Fue un despegue bastante complicado: Stevie, Hanes y yo despegamos allí y pudimos sobrevolar el espacio aéreo de Meiringen justo antes de las siete de la mañana, ya que todavía no estaba activo. Volamos sobre Innertkirchen y desde allí nos quedaban 15 kilómetros y 1500 metros de ascensión hasta el refugio de Bächlital. Anduve un poco más rápido que los otros dos, llegué al refugio al cabo de 2 h 40 min y desde allí despegué. Tras dos horas de vuelo en unas condiciones muy difíciles, tuve que sacrificar unos 1000 metros de altitud porque no iba lo suficientemente alto como para pasar la cresta y no podía sobrevolar el espacio aéreo de Meiringen. Aterricé a 13 metros antes del punto donde empieza el espacio aéreo y comencé a subir de nuevo a pie. Me tuve que mover rápido para llegar al punto de despegue antes de que se pusiese a llover otra vez. Y, un día más, llegué al lugar correcto en el momento indicado. Volví a despegar y pude volar bastante alto para después descender en dirección al refugio de Männlichen. Tuve que recorrer una vez más unos 1000 metros de desnivel andando, pero después me esperaba un buen plato de pasta seguido de un vuelo de vuelta a Grindelwald con Hanes, que llegó al refugio de Männlichen cuando yo estaba terminando de cenar. Aterrizamos en Grindelwald justo antes de que empezase otra vez a llover y nos quedaba algo más de una hora antes de las 20:30, cuando teníamos que parar. Decidimos volver a poner rumbo y subimos a pie los últimos 700 metros hasta el Berghaus Bäregg, al que llegamos justo antes de la pausa obligatoria de la noche.

El pronóstico para el cuarto y último día era muy malo: lluvia hasta las 8:30, como poco. Volvimos a empezar a las seis de la mañana, corrimos colina abajo los 700 metros hasta Grindelwald bajo una lluvia torrencial y subimos los últimos 1300 metros a pie hasta la Kleine Scheidegg, donde Hanes y yo terminamos la carrera juntos en tercera posición a las 8:40.

En resumen, en estos cuatro días me hice a pie más de 10 000 metros de altitud y recorrí más de 90 km, pasé horas maravillosas en condiciones en ocasiones complicadas y perdí la cuenta de las veces que plegué y desplegué mi parapente.

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