Along Our Skyline

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ANTE TUS OJOS; O MÁS BIEN POR ENCIMA DE ELLOS

Si has nacido y te has criado en Cervinia, esa cresta lleva toda tu vida delante de ti. Bueno, sobre ti, para ser precisos; en esencia, es lo mismo.
Es como un arco, como un enorme abrazo que corta el horizonte hacia el norte. Empieza en el Plateau Rosà, esa meseta que forma una terraza natural para admi-rar la magnificencia de una de las montañas más emblemáticas de los Alpes, el Matterhorn. Continúa hacia el oeste, como una corona que descansa sobre la cabeza de Valtournenche, primero por las Grandes Murailles, y después por las Petites Murailles. El punto más bajo, por así decirlo, es el Mont Blanc du Créton, jus-to por encima de Bionaz. Una línea natural, nacional por su ubicación, pero hima-laya en sus dimensiones y dificultades: más de 30 kilómetros de cresta, salpicados por unos veinte picos, y cada uno de ellos, todo un desafío en sí mismo: Furggen, Matterhorn, Punta Maquignaz, Punta Bianca, Dent d’Herens, Punta dei Cors o Pun-ta Lioy, por nombrar algunas de estas imponentes elevaciones de roca y hielo.


UNA CUESTIÓN INTERGENERACIONAL

François Cazzanelli lleva toda su vida soñando con estas montañas. De hecho, podríamos decir que es una cuestión totalmente intergeneracional. La historia empezó en agosto de 1940: Alfredo Perino y los dos guías de montaña Luigi Ca-rrel «Carrellino» y Marcello Carrel cruzaron por primera vez las Grandes Murailles y las Petites Murailles. Establecieron dos vivacs: el primero, en Col des Grandes Mu-railles y el segundo, en Col Budden.

Más tarde, en agosto de 1947, otros dos guías de montaña, Ferdinando Gas-pard y Bruno Bich cruzaron el Matterhorn y las Grandes Murailles por primera vez con Carla Durando. Lo consiguieron con tan solo dos vivacs: salieron del rifugio Horli e hicieron cima en el Matterhorn a las 6 de la mañana. Siguieron hacia la ci-ma de Grandes Murailles, donde encontraron un lugar para hacer vivac para Car-la. Por la tarde, Fernando y Bruno hicieron cima en el Dent d’Heren, para después volver al vivac que habían instalado. Un día después llegaron a Chateau des Da-mes, donde establecieron en segundo vivac, para descender al día siguiente.

Diciembre de 1985. Marco Barmasse y Valter Cazzanelli, padre de François, cru-zan por primera vez las Grandes Murailles y las Petites Murailles en invierno. Por desgracia, tuvieron que renunciar a las cumbres del Matterhorn y Dent d’Heren porque las condiciones eran horribles, algo claro desde el principio de su aventu-ra. El paso siguiente data de agosto de 2018: François Cazzanelli y Kilian Jornet Bur-gada empalmaron por primera vez las Grandes y Petites Murailles en un solo día, desde Cervinia. Volvieron en solo 10 horas y 59 minutos, después de un agradable «paseo» de 23 km y 3.300 metros de subida vertical.

UN BUEN PLAN

Hay ideas agobiantes que, una vez que se te pasan por la cabeza, no desapa-recen nunca. No pasa un día sin que François observe esa línea que atraviesa el cielo y se acuerde de su historia. Y no pasa un día sin que piense en cómo escribir el siguiente capítulo. Tiene que ser en invierno. Es más difícil, claro, pero precisamente por eso es más estimulante. Y ha de ser completo, de este a oeste, sin atajos de ningún tipo. A lo largo de esa línea, están sus lugares favoritos, que conoce como la palma de la mano tras explorarlos durante toda una vida. Capanna Carrel, una referencia, un salvavidas en la inmensidad del Matterhorn: los dos Jumeaux y el vacío que los se-para, un lugar por el que no puedes bajar en rápel si no sabes exactamente lo que estás haciendo. Entonces, Punta Lioy, la guarida del león, el punto más difícil, don-de te invade todo el entusiasmo y la exaltación de ese vacío que te rodea.

Para una gesta de ese calibre, necesitas un compañero. O mejor dicho: necesi-tas a ESE compañero. El adecuado, ese con el que conectas al momento, con el que te entiendes sin ni siquiera hablar. Francesco. François y Francesco son como el fuego y el hielo, polos opuestos que se com-plementan, dos caras de la misma moneda. Uno es apasionado, hiperactivo y creativo, tanto como el otro es taciturno, contemplativo y reflexivo. Por su cuenta, son dos alpinistas excepcionales con años de experiencia; juntos son la cordada perfecta, un equipo con cualidades físicas, psicológicas y cognitivas listas para en-frentarse a cualquier desafío.


MOVIMIENTOS RÁPIDOS

Una cresta tan larga ha de abordarse a toda velocidad. Por supuesto, es larga, pero no solo eso. La velocidad en este tipo de terreno te hace sentir vivo, satisfe-cho, libre. Es una vuelta a tus orígenes, una confrontación más pura y sincera con la montaña. Si eliminas lo accesorio, solo permanece lo fundamental: ya no hay calor, frío, sed, hambre; solo ese fuerte y elegante deseo de seguir escalando, de seguir esa línea para disfrutar del momento al máximo. Eso es lo que queda, con tu compañero. Porque no estás solo, estás con otro ser humano que ha decidido poner su vida en tus manos y ha aceptado ser custodio de la tuya. Y este pacto, esta alianza sagrada en la base de toda cordada, cobra todavía más fuerza si optas por una cuerda corta.

ENCORDAMIENTO EN CORTO

Quizá no haya forma más íntima y delicada de moverse por la montaña. Entre tu compañero y tú hay un par de metros, y los habrá en todo momento. Porque cuando te mueves con una cuerda corta no hay puntos de anclaje, tornillos de hielo, seguros: si tu compañero se resbala, tú tienes que sujetarlo. Si no lo haces, ambos caéis. Es una herramienta delicada y poderosa: ahorras mucho tiempo, si te mueves bien. Si no, es la receta perfecta del desastre. Con un paso firme y cons-tante, tienes que prestar una atención especial a tu compañero. En todo momen-to tienes que pensar por dos. François y Francesco conocen muy bien la teoría. Después de algunos experi-mentos, parece que la práctica lo confirma: hacen buen equipo, como el meca-nismo bien engrasado de un reloj; se conocen tan bien que pueden predecir los movimientos y pensamientos del otro. Y esta es la última pieza, la más importante; más incluso que las condiciones atmosféricas o del hielo. Ese elemento que, en muchos puntos, es lo único que mantiene unido ese manojo de piedras, igual que las escamas en el lomo de un dragón. Se puede hacer.


CORAJE E ILUSIÓN

Enero de 2020. Poco antes de llegar a Valtournenche, el mundo entero se que-dó sin aliento. Una temporada perfecta, con hielo sólido y consistente y presión alta centrada en los Alpes occidentales. Cuando Francesco recibe la llamada de François, ya es-tá preparando el equipo. Les lleva cuatro días, nada menos que cuarenta horas de escalada, acariciando las escamas del dragón con delicadeza y decisión. Les supone esfuerzo y perseve-rancia, y noches en el amargo frío de los vivacs en altitud. Hace falta valor, pero también ilusión. Y nada ni nadie puede parar a esta cordada. Tardan cuatro días, pero la unión invernal entre Plateau Rosà y Château des Dames ya es historia.