SIMON MESSNER

RESPIRAR FRÍO

UNA MATERIA ESPECIAL

Simon Messner se saca un poco de hielo de la barba con satisfacción. Volver a subir la val di Travenanzes es una larga caminata, casi toda por la sombra si sales pronto. Cuando buscas una cascada de hielo es muy fácil que te encuentres con una inesperada justo en la barbilla.

El hielo es una materia especial. Parece inmóvil, como si estuviera petrificado, pero, en realidad, nunca tiene la misma forma. Se mueve, cambia de densidad y de aspecto cada día y de un año al otro ninguna cascada queda exactamente igual. Un aumento de la temperatura de pocos grados centígrados puede hacer impracticable o incluso borrar hasta las cascadas más imponentes: el hielo tiene la misma belleza efímera que las flores.

UN ENCUENTRO INEVITABLE

Simon empieza a organizar el material, verificando meticulosamente los tornillos de hielo antes de colgarlos del arnés. Con un ojo cerrado comprueba la hoja de los piolets, que esté bien recta. Escalar sobre hielo es muy agotador, pero el material moderno de hoy en día hace que sea decididamente más sencillo que antaño.

Escalar sobre hielo ha sido algo natural para Simon Messner. Si te gusta escalar y pasas mucho tiempo en la montaña, llega un momento que encontrarte con el hielo es inevitable. Entonces o das media vuelta, considerando la estación, la altitud y la exposición como un límite infranqueable, o te enfrentas a este material con curiosidad y sed de aventura. Así, dejando la cálida comodidad de tu zona de confort, descubres que, por lo general, donde hay hielo se puede pasar y puede ser bastante divertido.

ACERO EN EL AGUA

Una última mirada al enorme y atrayente cúmulo de hielo que le espera y Simon sale. Se trata de un ritmo constante, que tiene que entrarte en la cabeza y en los brazos: crampón, crampón, piolet, piolet... Interiorizar y repetir, manteniendo la mente tranquila hasta que colocar un anclaje sólido se vuelva algo impostergable. Respirar, descansar un poco los antebrazos y el cerebro y repetir. Siempre es un poco extraño recordar que tu ascenso depende enteramente de unos pocos centímetros de duro acero clavados en nada más que agua solidificada.

La escalada sobre hielo nos enseña muchas cosas. Que, muchas veces, lo que vemos como un límite es, en realidad, una posibilidad, por ejemplo. Que enfrentarnos a un poco de frío y cansancio nos abre las puertas a mundos de insólita belleza, ocultos para muchos, aún estando disponibles para todos. Pero también que los inviernos ya no son lo que eran diez o veinte años atrás. Año tras año, la cota en la que se encuentra el precioso hielo sólido sube inexorablemente.

Razón de más para dedicar tiempo a la exploración de estos paisajes y de las técnicas necesarias para descubrirlos. De hecho, las razones son dos: primero porque el impacto de las actividades humanas en el clima global puede borrar para siempre esa glacial y efímera belleza, que hay que disfrutar antes de que desaparezca para siempre. En segundo lugar, porque la belleza es algo a lo que cualquier ser humano es sensible. Porque conocer la belleza e imaginar su pérdida es un poderoso motor para el cambio, para dirigir nuestros pasos de una forma más respetuosa y responsable, para tener otro motivo concreto para reducir nuestro impacto negativo en el clima. Antes de que sea demasiado tarde.

EL PRIMER PASO

El primer paso siempre es el más difícil. Sobre todo, cuando se trata del primer paso hacia una cascada de hielo. Se sabe desde el principio: si vas a escalar sobre hielo siempre será un día duro, uno de esos que recordarás durante mucho tiempo. Y hace frío, claro. El frío gélido, cortante y seco que se encuentra solo bajo esas paredes que nunca ven la luz del sol. Pero también hay aproximaciones, a veces interminables y a menudo con la nieve por encima de las rodillas. Cuando vas a escalar sobre hielo sabes lo que te espera: días breves y fatiga intensa. Pero merece la pena.

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