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GUARDAR UN SECRETO

#ATHLETESTORY

Acaba de empezar el verano y a las 3:45 de la mañana salen cuatro montañeros del vivac Oggioni, un pequeño refugio en forma de caja roja en el lateral del Monte Disgrazia. En sus ojos se puede ver toda la expectativa para un día que promete unas condiciones meteorológicas perfectas y ninguna ansiedad provocada por el desalentador nombre de la montaña.

De hecho, no es una cima que haya vivido una desgracia alpina. Se trata simplemente de una mala traducción de la palabra del dialecto local disglacia, que significa «se derrite» y hace referencia a los glaciares y los múltiples arroyos que vienen de allí. Pero el nombre tampoco está tan mal, porque le da un toque épico a una de las cimas que simbolizan la zona de Valtellina, la división entre Valmalenco y Val Masino.
Además, también existe un cuento muy bueno sobre este Pizzo Bello, una cumbre tan bella que los pastores no podían parar de mirarla e ignoraron las súplicas de un mendigo que pasaba. Al ver que nadie le ayudaba, el mendigo echó una maldición sobre la montaña para que fuera árida y seca. Verdad o no, al menos el cuento no mentía sobre la belleza del Monte Disgrazia.

El viento lleva toda la noche golpeando las paredes del vivac, donde los cuatro descansan después de la excursión. Mil quinientos metros de desnivel entre los 1612 m en Chiareggio y los 3152 m en Oggioni. Incluida la parada intermedia en el refugio Porro Ventina como huéspedes de Floriano Lenatti, el hombre que lleva el refugio, acompañados de comida típica de Valtellina e historias de montaña. Ahora la Corda Molla —que significa «cuerda floja»— les espera; una espectacular ruta alternativa que recorre la cresta nordeste del Disgrazia hasta alcanzar su cima a 3678 m. Es un camino por el que solo se aventuran una docena de grupos de escaladores al año, según el libro del vivac Oggioni. Esta mañana son dos, acompañados por dos guías de montaña y escaladores de Salewa.

El más joven es Francois Cazzanelli, de 28 años y proveniente de Valtournenche, que hace unas pocas semanas alcanzó la cima del mundo a 8848 metros acompañando —con la ayuda de un poquito de oxígeno— al astronauta Maurizio Cheli. Pocos días más tarde, y sin ninguna ayuda, se hizo con la cima del Lhotse con Marco Camandona, coronando así su primer ochomil sin oxígeno. El otro es Maurizio Folini, que casi le dobla en edad. Nacido en Valtellina, en Disgrazia se siente como en casa. Una sensación que le acompaña tanto en la montaña como por el aire. Maurizio no es solo un guía de montaña respetado, sino también el piloto con más experiencia del mundo en rescates de montaña con helicóptero a gran altitud. Tiene el récord del mayor rescate de línea larga jamás realizado, a 7800 metros.

¿A quién acompañan hoy Francois y Maurizio? Eso es un secreto; pero tampoco tanto, porque en unas pocas semanas será uno de los que revelaremos. Por ahora, lo único que hay que saber es que ambos grupos alcanzaron la cima del Disgrazia y que después descendieron hacia el glaciar con once cuerdas dobles por la pared nordeste. Los cuatro escaladores regresaron al refugio Porro Ventina a través de la nieve para encontrarse todo tal cual lo habían dejado el día anterior. Allí les esperaba Floriano con unas cervezas y una tabla de quesos y embutidos de Valtellina. Así da gusto acabar un día tan bonito.

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